jueves, 26 de mayo de 2011

Tinta corrida



Ese día el cielo se reveló, celoso, contra ellos.Ellos que se amaron bajo otro cielo, no un cielo terrestre, no este cielo celeste.Ese día, el cielo se deshizo en lluvia sobre ellos, oscureciéndolos con su roce húmedo.Al principio no les importó, pero temieron que su unión, tan pura y despreocupada se deshiciera como una página de fino papel.El cielo se enfureció al ver que no temblaban ante él.Rugió un trueno, y ellos lo escucharon desde su refugio.
No era un refugio tangible, era un refugio de pensamientos.Debajo del techo creado en su mundo, el de los dos, observaron el cielo, cielo de colores terrosos, un cielo que no pertenecía al mundo de ella.Pero era de su mundo, del mundo de los dos.Un mundo que habían creado con un poquito de aquí, un poquito de allá.Un mundo de tinta y pensamiento.
Como en un sueño, ella vio que el lloraba y le preguntó por qué... al instante sintió su cabellera pegada a su cabeza y las gotas que corrían de ésta, y se dio cuenta de que se mojaban.Su mundo lloraba y se desteñía, ese mundo de amor era un charco de sangre.
Los amantes se abrazaron, pero no fue igual que siempre.Él, por primera vez, sintió La Tierra.Sintió el olor al suelo mojado, olor a lluvia, a hojas de otoño, el sonido de los arboles muy lejanos, agitándose por el temporal y sobre todo sintió la vida: su amada, el césped todo estaba vivo.Sintió la Tierra y la anheló, así como anhelaba, tanto, estar por siempre con su amor.Su protección se caía se deshacía y cada gota era un agujero en su lazo; y ella lo sintió avergonzado, temeroso, arrugado como papel húmedo.
Su cielo se deshacía y también las plantas...y el suelo...y él.Su mundo chorreaba, deslizándose hacia la Tierra.Los contornos de su amado perdían definición, y ella intentó cubrirlo con su cuerpo...pero él se desligaba de su abrazo.Se miraron de nuevo.Sus ojos seguían intactos, pero ambos sintieron el vacío.Vacías estaban sus almas, en la despedida.Unos segundos mas...y se deshizo el vínculo, él, el mundo de los dos... Y el cielo cesó de rugir.
Ella encontró en la Tierra un espacio seco y se abrazó al libro llorando sobre él.Cayó dormida.
El cielo la despertó con el mas hermoso amanecer, para calmar su pena, colocó unas motas de nubes a cada lado del sol, para ella.Pero ella solo pensó en su libro.Lo abrió, desesperada.La tinta se había ido a los márgenes, las letras no se leían. Encontró unos pedazos de cielo dorado y terracota, un poco de bosque, ese donde se habrían abrazado infinitamente.Pero no lo encontró a él.Lo busco en sus primera páginas y en las últimas.Ni tres palabras de él habían quedado.
Se hundió en una profunda tristeza y no volvió a leer.

Después de un tiempo, su pena la llevó a abrir el libro,
y lo abrió en la pagina de su despedida.
Su corazón se agitó, ansioso, al distinguir unas únicas palabras:
"sus ojos".


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